«Tengo un filtro en el grifo» no es lo mismo que «tengo una ósmosis instalada». El nivel de purificación es radicalmente distinto.
Filtro de carbón activo
Retiene cloro, mejora el sabor y reduce algunos pesticidas. Su poro filtrante típico es de 0,5 a 5 micras. NO retiene: metales pesados, nitratos, sulfatos, virus, bacterias pequeñas, trihalometanos, fluoruros, ni microplásticos.
Ósmosis inversa
Membrana semipermeable con poro de 0,0001 micras (1.000 veces más fino que un filtro de carbón). Retiene 95-99% de sólidos disueltos totales (TDS): metales pesados, sales, nitratos, sulfatos, virus, bacterias, trihalometanos, fluoruros, microplásticos.
¿Cuál elegir?
Si tu agua de red es de buena calidad y solo te molesta el sabor a cloro, un filtro de carbón en jarra te basta. Si vives en zona con alta dureza, nitratos, contaminación industrial cercana o quieres protección máxima, la ósmosis inversa es la opción.
La diferencia económica también es sustancial: una jarra con filtro de carbón cuesta 20-50€, mientras un equipo de ósmosis empieza en 400€ instalado. La ósmosis es una inversión a varios años.